viernes, 6 de marzo de 2015

Mi Tesoro


 Mi Tesoro


“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo”. (Mateo 13:44)



Fui rescatada por la gracia de Dios, hace exactamente tres años.  Cuando mis ojos fueron abiertos a la Verdad del Evangelio de Jesucristo, pude comprender que había creído una mentira toda mi vida.  Pensaba que el “plan de Dios” para mi vida era que fuera próspera, saludable y feliz. Sin embargo, al leer la Biblia, pude comprender que esa no es lo que  Jesucristo ofrece:
“No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra;  y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o a hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierda su vida por causa de mí, la hallará”. 


Estas palabras fueron dichas por Jesús (Mateo 10: 34-39). Aunque el fin último del evangelio es la paz con Dios (Jn. 14:27; Ro. 8:6), el resultado inmediato del evangelio es frecuentemente el conflicto (J. MacArthur).  Por experiencia propia sé, todo lo que conlleva la conversión a Cristo y estoy sumamente consciente de que por mi fe, podría incluso sufrir hasta la muerte.  Sí, esto es lo que conlleva seguirle y Él jamás engañaría a nadie ofreciéndoles a los creyentes una vida libre de problemas.  Por esto reitero, que creer en el Evangelio es una obra que solo Dios puede hacer en la vida del ser humano por medio de Su Espíritu Santo, pues ¿quién querría esta clase de vida?  ¿Quién querría una vida de conflictos con los no creyentes, rechazo, burlas, persecución, e incluso la muerte?


Además,  así nos advirtió: “Si el mundo los odia a ustedes, sepan que a mí me odió primero. Si ustedes fueran del mundo, la gente del mundo los amaría, como ama a los suyos. Pero yo los escogí a ustedes entre los que son del mundo, y por eso el mundo los odia, porque ya no son del mundo. Acuérdense de esto que les dije: “Ningún servidor es más que su señor.” Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán… “


Queda claro que nuestra fe en Cristo no es un “boleto de oro” hacia la salud, hacia las riquezas y hacia la felicidad. Es la promesa de que la vida es muchos más que eso.  Es el fundamento de una vida eterna abundante, reconciliada con Dios. Es libertad y perdón. Es gracia ilimitada y gloria eterna…  Saber que la estancia en esta  tierra es tan corta y que viviré una eternidad junto a Él, me ayuda a sobrepasar cualquier situación por más difícil que sea.  Saber que tendré vida eterna junto a Él, me hace glorificarlo aun cuando hay escasez, me da fortaleza en medio de una pérdida, me hace sentir gozo en momentos de aflicción y me permite tener paz en medio de la peor tormenta. 

Cristo es mi tesoro. Al encontrarlo, abandoné todo, lo dejé todo, renuncié a todo. Han sido los tres años más difíciles de mi vida pero además, los más hermosos. Jamás había llorado tanto, pero tampoco jamás había tenido tanto gozo.  He ganado mucho más de lo que he perdido… y aunque viva una vida de escasez material, de hambre, de persecución, de enfermedad, de pérdidas  y aunque me quiten la vida por causa de Su Nombre, moriré sabiendo que al tenerlo a Él, lo tengo todo. 


“Todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo, y ser hallado en Él”. (Filipenses 3: 7-9) 

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